Tecnologías de votación

Tecnologías de votación: lecciones de la experiencia comparada

Julio Ascarrunz*

RESUMEN

Los procesos electorales, como todos los aspectos de la vida contemporánea, no pueden prescindir del uso de tecnologías. Sin embargo, la tecnología puede aplicarse en varias etapas y fases de las elecciones y su manejo no es el mismo en todos los casos. El uso de herramientas electrónicas y tecnológicas en la fase de votación ha desatado controversias, con la imposibilidad de alcanzar un consenso sobre sus beneficios y sus riesgos. Este trabajo explora las características del voto electrónico y su aplicación en algunos países, principalmente de la región. Las conclusiones exhiben un escenario complejo que debe considerar elementos más allá de la propia tecnología para la implementación de estos sistemas de voto en Bolivia.

Las tecnologías de información y comunicación, y su vertiginoso desarrollo en las últimas décadas, han tenido un gran impacto en los acontecimientos sociales, políticos, y económicos. Este avance ha desembocado en lo que muchos consideran una nueva era para las sociedades en general y las relaciones sociales en particular. Era digital, revolución digital, o sociedad de la información son algunas de las expresiones el mundo en la actualidad. La era digital puede entenderse como el tiempo en el que las relaciones sociales y la vida diaria están impactados por las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) (Rojas, 2010). La revolución digital puede concebirse como el despliegue y la incorporación de esas TIC en las esferas económicas y políticas (CEPAL, 2016). Finalmente, la sociedad de la información puede ser descrita como el efecto de la revolución y la era digital sobre la sociedad y las relaciones sociales como el paso siguiente de los estadios sociales, caracterizados por relaciones dinámicas y cambiantes en la estructura societal, globalización, la (hiper) utilización de tecnología, y un mayor nivel socioeconómico (en comparación al pasado) (Rendón-Rojas, 2001). Más allá de las diferencias conceptuales entre estos (y más) términos, todos tienen en común la referencia al uso de tecnología en la cotidianeidad.

Estas tecnologías han impregnado, también, el desarrollo de procesos electorales y toda su administración y organización. Así, los elementos sobre los cuales es posible aplicar nuevas tecnologías son muchos, abarcando prácticamente todos los puntos del ciclo electoral: por caso, en la delimitación de circunscripciones, en la educación electoral, en el registro de partidos y candidatos, en el monitoreo de medios, en la logística electoral, en el monitoreo del gasto y financiamiento de campañas, y en el registro de votantes, para la etapa preelectoral; en el proceso de voto, en el escrutinio, y en el cómputo, para la etapa electoral; y en la transmisión de resultados, la tabulación de datos, y la publicación de resultados, para la etapa postelectoral (IDEA Internacional , 2015). Así, los comicios modernos no pueden prescindir del uso de tecnologías, aunque esta utilización puede ser mayor o menor en cuanto a la cantidad de procedimientos en los que se aplica dentro del proceso electoral.

Estas tecnologías son asumidas como herramientas para darle mayor eficiencia a la organización y logística de los procesos electorales. A pesar de que en muchos casos esto resulta cierto, la relación entre tecnología y eficiencia no es lineal, directa, ni automática, sino que está determinada por el aspecto dentro del proceso electoral en el que se aplica y cómo se aplica, al mismo tiempo que está mediada por una serie de fenómenos contextuales que son determinantes para su éxito y fracaso. Esto es, justamente, lo que sucede con el uso de tecnologías en el acto de votación. Así, el presente trabajo busca entender cuáles son las condiciones y características que deben tomarse en cuenta para la aplicación provechosa de tecnología dentro del proceso de votación.

El documento primero describe los tipos de voto electrónico, a partir de sus formas, características y otros detalles que los conforman. En segunda instancia, tras el panorama general tipológico, se analiza la cantidad de países que aplican tecnología a los procesos de votación, poniendo énfasis en algunos casos en los que se aplica a procesos electorales del nivel nacional. Finalmente, se extraen algunas lecciones de tales casos y se concluye con recomendaciones pensando en el caso boliviano.

A partir de la descripción anterior, cada uno de estos tipos de sistemas, así como de opciones que se utilicen entre cada una de las variables, tiene debilidades y fortalezas, y dependen del contexto en el que se desarrollan, el tiempo de aplicación, la cantidad de recursos (financieros y no financieros), y las necesidades de cada país. Es por este motivo que este apartado se enfoca a identificar qué países son los que utilizan alguna modalidad de voto electrónico y, tras esto, poder entrar en las características de algunos de ellos.

Gráfico 1: Uso de tecnologías en el proceso de votación en el mundo

Fuente: Base de Datos de TICs en Elecciones de IDEA Internacional
(https://www.idea.int/data-tools/data/icts-elections)

A partir de los datos de IDEA Internacional[1], se observa que, en todo el mundo, son 143 países los que no utilizan votación electrónica, lo que equivale al 80,3% de todos los países y territorios analizados (178 en total). La base de datos solamente omite información de Cuba, al no tener datos de este caso. De los restantes 34 Estados que sí utilizan tecnología en su proceso de votación, dos[2] solamente la usan en elecciones que no son de autoridades políticas, sino de otro tipo (sindicatos o referéndums no vinculantes, por ejemplo), pero que sí tienen participación de su organismo electoral. Otros seis casos[3] aplican voto electrónico en elecciones vinculantes (elección de autoridades o referéndums vinculantes, por ejemplo) a nivel subnacional, y otros quince[4] lo aplican exclusivamente a nivel nacional. Los once casos que quedan aplican tecnologías a la votación de más de un tipo de elecciones, sean nacionales y subnacionales, nacionales y de otro tipo, o las tres opciones (nacionales, subnacionales, y de otro tipo).

De los tipos de sistemas de votación electrónica descritos en el apartado anterior, los países varían en el tipo de tecnología aplicada. De los 34 que sí tienen voto electrónico, 24 utilizan un tipo de manera pura y exclusiva: diez países aplican el sistema de votación directa y electrónica (DRE), cinco casos aplican el sistema de escaneo óptico (OMR), otros seis usan votación por internet, y solamente tres son los que utilizan el sistema de impresión de boletas electrónicas (EBP). Entre los 10 restantes, ocho países combinan dos o más tipos de tecnología, la República de Corea no tiene datos disponibles, y Ecuador se cataloga como otro debido a que su tecnología funciona más como un “instrumento para facilitar el voto”[5].

Respecto del tipo de ambiente, en 25 países se desarrolla la elección en un ambiente controlado, es decir que los electores todavía deben asistir a un centro de votación, mientras que solamente en cuatro casos la elección se desarrolla enteramente en ambientes no controlados. De los cinco restantes, la República de Corea todavía no exhibe información y los otros cuatro tienen algún tipo de mezcla de ambientes, combinando espacios controlados y no controlados. Por último, los 34 países en los que sí se utilizan tecnologías para el proceso de votación también varían según el grado de amplitud de electores que usan estas opciones. Así, 15 países aplican estas tecnologías a todos los electores y los otros 18 lo hacen de manera restringida a ciertos sectores, como los militares, o zonas, como los votantes en el extranjero y/o en algunos distritos dentro del país. Nuevamente, para la República de Corea no hay información disponible.

Las combinaciones entre el tipo de tecnología, con cuatro opciones puras y una mezclada, el tipo de ambiente, con dos opciones puras y una mixta, y el grado de amplitud en la aplicación de estas tecnologías, diferenciando entre la aplicación a todos los votantes o a parte de ellos, provoca una situación de 90 escenarios posibles, a lo que se suma la posibilidad de desagregar según el tipo de elecciones en que se utiliza tecnologías de votación. Esta gran cantidad de situaciones complejiza la selección de unos u otros casos para la profundización, de manera tal que el análisis pueda ser representativo de los casos existentes. Así, se extraen lecciones de los casos más emblemáticos, así como de los más cercanos a Bolivia.

En todo el mundo, solamente 15 países aplican el voto electrónico para todos sus votantes en elecciones nacionales, de los cuales destaca, por excepcionalidad, el caso de Estonia. Este país báltico, según los datos de IDEA Internacional, es el único en el mundo en el que está habilitado el voto por internet para todos los electores. Introducida en 2005, esta modalidad de voto fue parte de un proceso más amplio de modernización y digitalización del Estado (IDEA Internacional, 2011) y ha ido ganando cada vez más popularidad hasta su última experiencia en la que casi 250.000 electores la usaron (Domínguez Cebrián, 2019) lo que equivale al 43,8% de la participación electoral de ese año y, a su vez, un aumento de más de 2.500% respecto de 2005, año en el que se implementó por primera vez.

En América Latina, por su parte, solamente tres países tienen alguna forma de voto electrónico habilitado para elecciones nacionales y para todos los votantes. En Brasil y Venezuela utilizan el sistema de voto directo electrónico (DRE), mientras que en República Dominicana se aplica un sistema de escaneo óptico (OMR). En los tres casos la votación se desarrolla exclusivamente en ambientes controlados. Más allá de estas características descriptivas, el voto electrónico de estos tres países tuvo diferentes caminos.

En Venezuela la implementación de tecnología en el proceso de votación inició en 1998 con un sistema de escaneo óptico tras el sufragio físico para automatizar el conteo de votos. Para las elecciones regionales de 2004 el sistema pasó al que se tiene actualmente, voto directo electrónico[6], en medio de un contexto de baja confianza en la imparcialidad del organismo electoral (IDEA Internacional, 2011). El sistema de votación emite rastros físicos en una gran cantidad de los centros de votación y, también, cuenta con un sistema automatizado de verificación del elector, pero que crea la posibilidad de rastreo de votos. A pesar de los problemas reales y potenciales del voto electrónico en Venezuela, las voces especializadas, aunque críticas con la implementación de estas tecnologías, no encuentran el retorno al voto analógico como deseable (Romero-Castillo, s/f).

El proceso de implementación del voto electrónico en Brasil, por su parte, inició su proceso en 1986 y tuvo un avance paulatino y escalonado. Durante los primeros años se desarrolló la informatización del registro de electores, la cual concluyó en 1994. Para las elecciones municipales de 1996 se aplicó el voto electrónico en las capitales de estado y en aquellas ciudades de más de 200.000 electores como prueba antes de pasar a su implementación en el proceso electoral nacional de 1998 en ciudades de más de 40.000 votantes, finalmente, en las elecciones municipales de 2000 y las generales de 2002 se aplicó este sistema a la totalidad de electores, 110 millones y 115 millones, respectivamente (Bhering Camarão, 2013). Este proceso estuvo motivado por la intención de eliminación de fraude electoral (Bhering Camarão, 2013; IDEA Internacional, 2011), pero fue desarrollado sin premuras y con una amplia participación local, es decir, no fue solamente la compra de software y hardware, sino el desarrollo conjunto que se llevó a cabo en un proceso de siete etapas: sensibilización, comprensión del proceso, viabilización del proceso, adquisición de insumos, desarrollo propio de un modelo de urna, control de calidad, y utilización en elecciones (Bhering Camarão, 2013), que además fue implementado a lo largo de varios ciclos electorales (IDEA Internacional, 2011).

Finalmente, en República Dominicana el voto electrónico tiene una historia más corta. Aunque su desarrollo se trabajó durante casi 10 años (IFES, 2020), el sistema no tuvo un inicio muy auspicioso en las primarias del Partido de la Liberación Dominicana y el Partido Revolucionario Moderno y su debacle mayor ocurrió en su estreno en las elecciones municipales de febrero de 2020, donde tras pocas horas de iniciada la jornada electoral, ésta tuvo que suspenderse por fallos en la tecnología implementada (Semana, 2020; estrategiaynegocios.net, 2020). Aunque la evaluación previa del sistema de voto electrónico no identificó ninguna deficiencia importante (IFES, 2020), el día de las elecciones se registró una falla en una gran cantidad de máquinas de voto automatizado debido, principalmente, a fallas en el software diseñado para la personalización de las urnas de cada distrito y a la falta de pruebas formales del mismo en las evaluaciones previas (OEA, 2020).

La implementación de voto electrónico es un tema relativamente reciente y altamente controvertido en el mundo, por tal motivo no existe consenso respecto de cuáles son los estándares para su aplicación y/o su evaluación (Blanc, 2007). En este mismo sentido, tampoco hay acuerdo respecto de cómo alcanzar sus beneficios y eliminar sus peligros, ya que con una adecuada implementación se puede mejorar la seguridad, acelerar la obtención de resultados, y facilitar el proceso de votación, aunque sin un diseño y planificación bien elaborados, no solamente se afecta a la tecnología utilizada, sino que puede perjudicar a todo el proceso electoral (IDEA Internacional, 2011).

La experiencia comparada de los países de la región, a pesar de no trazar un camino lineal, sí brinda algunas pautas para pensar la aplicación de estas tecnologías de votación en Bolivia. Más allá de los factores técnicos tales como el tipo de tecnología, el tipo de ambiente, o la amplitud de la aplicación, así como otros factores más de corte económico y/o legal, las experiencias de los tres países descritos brindan luces respecto del proceso de implementación y producción de la tecnología. La implementación tiende a ser progresiva y paulatina, a lo largo de varios años y con pruebas en distintos procesos electorales y sus respectivos ciclos. Más allá de eso, el desempeño del caso brasilero lleva a pensar, además, que la forma de producción de insumos es determinante, con la recomendación de que no se trate solamente de una compra externa, sino del desarrollo conjunto al conocimiento, capacidad, y experticia local.

Gráfico 2: Pirámide de la confianza (en la aplicación de tecnologías de votación)

Fuente: IDEA Internacional (2011)

Además, es necesario considerar una serie de pasos no técnicos como forma de sentar el terreno para el proceso, donde la percepción y confianza pública es central y está acompañada de características del contexto sociopolítico, tales como el consenso político, la integridad del organismo electoral, y la aceptación social, como pasos previos para llegar a aspectos técnicos, tales como el marco legal, el tiempo de implementación, la capacidad financiera, y la infraestructura tecnológica (IDEA Internacional, 2011).

En Bolivia los procesos electorales no prescinden de herramientas tecnológicas, sin embargo, éstas no siempre son entendidas ni transparentadas, por lo que terminan siendo, con argumento o no, motivo de crítica y desconfianza de parte de la ciudadanía. Las tecnologías no pueden desligarse de la vida contemporánea y la celebración de elecciones no es la excepción, sin embargo, su utilización debe ser un proceso cuidadoso y riguroso para un mejor aprovechamiento y beneficio de la democracia.

Bhering Camarão, Paulo César (2013). El voto electrónico en Brasil. Presentación para la Organización de Estados Americanos (OEA). Recuperada de https://www.oas.org/es/sap/deco/seminarios/peru/pre/Paulo_Cesar_Bhering_Camarao.pdf

Blanc, Jarrett (2007). “Challenging the Norms and Standards of Election Administration: Electronic Voting” en IFES, Challenging the Norms and Standards of Election Administration.

CEPAL (2016). La nueva revolución digital. De la Internet del consumo a la Internet de la producción. Santiago de Chile: Naciones Unidas.

Castro Machicao, Limber Ronald (2016). Análisis comparado de la normativa y experiencia electoral sudamericana sobre la utilización del voto electrónico y su viabilidad en Bolivia. La Paz: Tesis de Licenciatura en Ciencia Política sin publicar.

Domínguez Cebrián, Belén (2019). “’I-voting’, orgullo estonio” en El País, noticia publicada el 3 de marzo de 2019.

Estrategiaynegocios.net (2020). “Voto electrónico en la mira por falla en República Dominicana” en Estrategia y Negocios, medio digital. Recuperado de https://www.estrategiaynegocios.net/lasclavesdeldia/1357136-330/voto-electr%C3%B3nico-en-la-mira-por-falla-en-rep%C3%BAblica-dominicana

IDEA Internacional (2011). Introducing Electronic Voting: Essential Considerations. Estocolmo: IDEA Internacional.

IDEA Internacional (2015). Certification of ICTs in Elections. Estocolmo: IDEA Internacional.

IFES – International Foundation for Electoral Systems (2020). Informe de la Evaluación Preelectoral del Sistema de Votación Automatizado de la República Dominicana. Arlington: IFES.

OEA – Organización de Estados Americanos (2020). Auditoría para identificar la o las causas por las cuales no fue posible la correcta implementación del voto automatizado en las elecciones municipales de República Dominicana del 16 de febrero de 2020. Informe Final. Secretaría para el Fortalecimiento de la Democracia (SFD) – Departamento para la Cooperación y Observación Electoral (DECO).

Patrama, Heroik M. y Salabi, Nurul Amalia (2020). Adoption of Voting Technology A Guide for Electoral Stakeholders in Indonesia. Estocolmo: IDEA Internacional

Rendón-Rojas, Miguel (2001). “Un análisis del concepto de Sociedad de la Información desde el enfoque histórico” en Información, Cultura y Sociedad, 4: 9-22.

Rojas, Eduardo (2010). “Reseña autorizada de: ‘La era digital en América Latina y el Caribe: Consideraciones para un marco’ de Saadia Sánchez Vega” en Diálogos Transdisciplinarios en la Sociedad de la Información, 1: 20-22.

Romero-Castillo, Evan (s/f). “Sufragio electrónico en Venezuela, voto de confianza” en DW. Noticia recuperada de https://www.dw.com/es/sufragio-electr%C3%B3nico-en-venezuela-voto-de-confianza/a-42912086

Semana (2020). “El voto electrónico tropieza de nuevo” en Semana, periódico digital. Recuperado de https://www.semana.com/mundo/articulo/voto-electronico-no-funciona-en-republica-dominicana-iowa-venezuela-y-espana/653990

Tuesta Soldevilla, Fernando (2007). “El voto electrónico” en Dieter Nohlen et al. (compiladores), Tratado de derecho electoral comparado de América Latina. Segunda edición. México D.F.: Fondo de Cultura Económica.


* Licenciado en Ciencia Política y Gestión Pública (UMSA) y Egresado del Máster en Estudios Electorales (UNSAM-Argentina). Es Secretario de Asuntos Académicos de la Asociación Boliviana de Ciencia Política (ABCP) y Coordinador Académico del Proyecto “Derribando Mitos de la Democracia Boliviana”.

[1] Base de Datos de Tecnologías de Información y Comunicación (TICs) en Elecciones, pregunta sobre el uso de voto electrónico en cualquier tipo de elección con participación el organismo de gestión electoral https://www.idea.int/es/data-tools/question-view/742.

[2] Fiyi y República de Corea.

[3] Argentina, Australia, Canadá, Ecuador, Irán, y Japón.

[4] Armenia, Bangladesh, Brasil, República Democrática del Congo, República Dominicana, Estonia, Honduras, Iraq, Kirguistán, Namibia, Nueva Zelanda, Omán, Pakistán, Emiratos Árabes Unidos, y Venezuela.

[5] https://www.idea.int/node/230321

[6] Historia de la Tecnología Electoral en Venezuela. Tomado de la página web del Consejo Nacional Electoral: http://www.cne.gob.ve/web/sistema_electoral/tecnologia_electoral_historia.php

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