Elecciones nacionales y territorio

Elecciones nacionales y territorio: diferencias y similitudes de partidos y electores al interior de Bolivia

Julio Ascarrunz*

RESUMEN

El territorio se ha convertido en una variable importante para el análisis de la política y, en especial, de la política partidaria. El presente trabajo explora la nacionalización de los partidos y sistemas de partidos, entendida como la homogeneidad de la distribución de apoyos electorales a través del territorio. Se aplica una medida de nacionalización que considera el peso de las unidades territoriales utilizada de una manera que permite inferir qué partidos tienen mayor concentración urbana en su votación. Los resultados permiten delinear algunas hipótesis, que junto a las posibilidades teóricas abren una línea de investigaciones muy fértil sobre la necesidad de observar las variaciones territoriales para explicar las estructuras partidarias, sus estrategias, las relaciones legislativas, y la elaboración de políticas públicas. En última instancia, la calidad de la democracia.

Las diferencias territoriales de la política encuentran una de sus mayores expresiones en los partidos, al ser éstos los vehículos tradicionales de preferencias hacia el sistema político y sus instituciones, así como en los sistemas de partidos, toda vez que son la agregación y la interacción de los primeros. Así, el espacio se torna en una variable de consideración al momento de analizar la política, en especial la política partidaria.

La vasta literatura sobre partidos y sistemas de partidos ha tendido a enfocarse en el nivel nacional, negando indirectamente las diferencias que suceden al interior de un Estado, lo que se ha denominado “sesgo nacional” (Rokkan, 1970). Sin embargo, la dimensión territorial de la competencia política tiene implicancias para la supervivencia de la democracia, el comportamiento legislativo, la interacción de la organización partidista en sus múltiples oficinas y el diseño e implementación de las políticas públicas (Jones y Mainwaring 2003; Caramani 2004). De esta manera, los desarrollos en torno a estas cuestiones se han enfocado, de manera general, en dos tipos de integración territorial, la vertical y la horizontal (Dosek, 2015; Dosek y Freidenberg, 2013).

Para el caso boliviano, a pesar de su condición de unitarismo formal e inclusive una reciente recentralización de la política (Eaton, 2013), la cuestión territorial es un punto de escisión central de la política, algo que ha sido así desde inclusive antes de la fundación de la República (Roca, 1999 y 2019). Es por este motivo, y en especial desde las reformas de descentralización de la década de 1990 del siglo pasado, que han aparecido estudios respecto de la integración territorial de la competencia partidaria y electoral en el país (Pérez Mendieta, 2010; Batlle, 2012; entre otros y Romero Ballivián, 1998, aunque con otro enfoque).

El presente trabajo se enfoca en una de las dimensiones de integración territorial, la horizontal, conceptualizada a partir de la noción de nacionalización de los partidos y sistemas de partidos, entendida como el grado de homogeneidad de los apoyos electorales a lo largo de los diferentes distritos del país (Jones y Mainwaring, 2003; Bochsler, 2010; Golosov, 2014, entre otros). A partir de la aplicación de una medida diferente a la de los estudios existentes sobre Bolivia, el trabajo se plantea la descripción detallada de la nacionalización de los partidos y sistemas de partidos desde 1979 hasta 2014 para responder a las preguntas de cuál ha sido la trayectoria de nacionalización del sistema de partidos boliviano y qué características tiene los diferentes grados de nacionalización de los distintos partidos en el país.

En el apartado siguiente, el documento expone brevemente algunas discusiones en torno a las formas de conceptualizar y medir la nacionalización con el objetivo de explicar las razones de que en este trabajo se utilice una definición y medida concretas. De igual manera, se expone la estrategia metodológica en torno al tipo de datos y opciones analíticas para responder a las preguntas de investigación. El acápite siguiente expone los resultados sobre el sistema de partidos, para luego pasar a la sección que enfoca los resultados sobre los partidos de manera individual. Finalmente, el trabajo concluye con un resumen de los hallazgos, el repaso de algunas causas y efectos de la nacionalización de los partidos y sistemas de partidos, y una recomendación sobre la agenda de investigación futura.

La nacionalización de los partidos y sistemas de partidos ha recibido bastante atención en las últimas décadas, no sin pasar por discrepancias sobre su significado y su forma de medición (Lago y Montero, 2014; Dosek, 2015). Si bien la conceptualización se ha batido en torno a tres grandes grupos que identificaban el término, primero, como la distribución de los apoyos electorales de una elección a través del territorio; segundo, como la relación de coordinación y congruencia entre las elecciones de varios niveles institucionales; y, tercero, como el cambio entre elecciones (Dosek, 2015). Este trabajo toma la primera definición debido a su capacidad de diferenciación con otro fenómeno que relaciona la competencia partidaria y electoral con el territorio, la integración vertical o congruencia (Dosek y Freidenberg, 2013). Así, como ya se dijo, un partido nacionalizado es aquel en el que sus apoyos electorales, provenientes de un proceso electoral nacional[1], están distribuidos de manera homogénea entre las distintas unidades territoriales, mientras que un partido desnacionalizado obtiene su apoyo electoral de una sola unidad y no de las otras. La nacionalización del sistema de partidos resulta de una agregación de todos los partidos del sistema (Jones y Mainwaring, 2003; Bochsler, 2010).

Por su parte, la cuestión de la medición también ha tenido divergencias y no solamente provenientes de qué definición de nacionalización pretende atender. Si bien hay una gran variedad de índices para medir la nacionalización, no todos ellos atienden a los partidos al mismo tiempo que los sistemas de partidos ni utilizan las mismas lógicas[2] (Bochsler, 2010) y tres han sido los más comunes en estudios sobre América Latina (Dosek, 2015). De estas tres formas de medición, en Bolivia se ha aplicado una de ellas (Pérez Mendieta, 2010; Batlle, 2012), el índice de nacionalización de partidos y sistemas de partidos propuesto por Jones y Mainwaring (2003). Este índice se basa en el coeficiente de Gini, utilizado como una medida de desigualdad, pero sufre el problema de asignar el mismo peso a todas las unidades territoriales indistintamente de su tamaño. Es por esto, que el presente trabajo aplica una versión ajustada de este índice en la que sí se pesa el resultado según la cantidad y el tamaño de dichas unidades territoriales (Bochsler, 2010).

El índice de nacionalización ponderado propuesto por Bochsler (2010) promueve la sensibilidad a la cantidad y el tamaño de las unidades territoriales utilizadas y, al ser una versión ajustada del índice de Jones y Mainwaring (2003), mantiene la base del coeficiente de Gini que busca medir distribuciones desiguales, pero de manera inversa. Así, un partido o sistema de partidos perfectamente nacionalizado, esto es con distribuciones perfectamente homogéneas entre todas las unidades territoriales, obtendría un valor de 1, mientras que un partido o sistema de partidos poco nacionalizado, esto es con distribuciones muy heterogéneas, obtendría valores cercanos a cero. El índice no puede tener un valor exacto de cero, debido a que implicaría que los votos del partido analizado tendrían que estar en un “punto minúsculo de todo el país – un punto que debería ser tan pequeño que no haya habitantes (o electores)”[3] (Bochsler, 2010: 162).

Finalmente, el nivel de agregación de los datos no es menor. Si bien todos los datos se obtienen de las elecciones generales llevadas a cabo entre 1979 y 2014[4], el nivel de agregación no es el mismo en todos los casos. Como el índice utilizado es sensible no solamente al tamaño de cada unidad territorial, sino también a la cantidad total de unidades territoriales, este trabajo toma en cuenta dos tipos de agregación por cada elección[5] con el objetivo de encontrar diferencias en el grado de nacionalización según el nivel de agregación de los datos electorales. La lógica que rige esta decisión es que los valores obtenidos reflejan las diferencias entre unidades territoriales e invisibilizan las diferencias al interior de cada unidad; de esta manera, si la unidad es el departamento se deja de lado diferencias entre provincias o municipios dentro del mismo departamento, siendo esto importante para la atención a las diferencias de distribución de los votos de los partidos entre zonas rurales y urbanas.

Siguiendo un camino inverso, se empieza con la descripción de la nacionalización del sistema de partidos como medida agregada de la nacionalización de cada partido que compone el sistema, lo que se verá en la siguiente sección. El resultado de esta medición viene de la agregación de los índices de nacionalización de los partidos que componen el sistema. Para este trabajo se toma en cuenta todos los partidos que participaron de los diez procesos electorales que se analizan, no solamente los que pasaron algún tipo de umbral y/o que obtuvieron representación parlamentaria.

Gráfico 1: Grados de nacionalización del sistema de partidos por elección, según nivel de agregación de los datos electorales


Elaboración propia con datos del OEP (https://atlaselectoral.oep.org.bo/#/) y a partir de Bochsler (2010)
Nota: Los valores de la línea “municipal” de 1985, 1989, y 1993 son calculados a nivel provincial

La nacionalización de los sistemas de partidos a lo largo de la historia política de la democracia boliviana ha tenido varias fluctuaciones, tanto en la tendencia general, como en la diferencia según el nivel de agregación de los datos. Respecto del nivel de agregación de datos, si bien todos los valores de nacionalización con datos de menor agregación (provincias o municipios, según corresponda) son menores que los valores obtenidos con mayor agregación (departamentos) como es esperable de observar, es posible evidenciar variaciones menos pronunciadas con datos municipales que con datos departamentales.

Un punto interesante dentro de estas distribuciones se da entre las elecciones de 1985 y de 1989. Mientras que la nacionalización del sistema calculada a partir de datos electorales a nivel departamental muestra una tendencia de disminución de 1985 a 1989, los datos a nivel provincial en el mismo periodo tienen una tendencia inversa de mayor nacionalización en 1989 que en 1985. Esta diferencia de 1985 mayor que en el resto de los casos es indicativa de un sistema nacionalizado a partir de las votaciones en las zonas de mayor concentración demográfica (generalmente capitales de departamento, zonas urbanas, y/o zonas periurbanas), pero con mucha menos nacionalización entre niveles menores como son las provincias, es decir diferencias más profundas de lo normal entre provincias.

Sobre la tendencia general, es posible relacionar estas variaciones con momentos cualitativos de los sistemas de partidos. Los valores provenientes de datos departamentales dan indicaciones de que la nacionalización del sistema de partidos es más baja en periodos de crisis o precrisis del propio sistema. Estos escenarios de baja nacionalización del sistema coinciden con los procesos electorales de la transición democrática (1979 y 1980), así como con los momentos de quiebre (o inicio de quiebre) del sistema de partidos dominado por ADN, MIR y MNR (1997 y 2002). Los niveles de nacionalización del sistema a partir de datos municipales confirman esta tendencia, aunque con valores distintos.

Si bien los sistemas de partidos son, principalmente, la interacción entre distintos partidos (Sartori, 2005) la medición de la nacionalización de los sistemas de partidos se obtiene a partir de una agregación de ellos. Es por este motivo que, más que interesante, resulta necesario el análisis desagregado por partidos en torno a su nivel de nacionalización. Así, este apartado se dedica a describir tales niveles de nacionalización de todas las fuerzas políticas que participaron de los diez procesos electorales con los objetivos de, primero, ordenarlas según sus resultados y, segundo, evidenciar su concentración en zonas urbanas, haciendo énfasis en lo último.

Gráfico 2: Grados de nacionalización de los partidos por elección, según presencia o ausencia legislativa

Fuente: Elaboración propia con datos del OEP (https://atlaselectoral.oep.org.bo/#/) y a partir de Bochsler (2010)
Nota: Los valores de las elecciones de 1985, 1989, y 1993 son calculados a nivel provincial no municipal. Se excluyen los partidos de las Elecciones Generales de 1979 y 1980 por falta de datos desagregados

El Gráfico 2 muestra un punto por cada uno de los 84 partidos en diferentes elecciones, los puntos rojos representan a partidos que alcanzaron algún espacio en el legislativo, mientras que los puntos azules simbolizan a aquellos que no lograron tener presencia parlamentaria. En términos generales, se puede observar que los partidos con presencia parlamentaria tienen mayor variación en sus grados de nacionalización, mientras que los partidos sin presencia parlamentaria están un poco más concentrados entre valores medios de nacionalización. Sin embargo, cabe recalcar, la mayoría de los partidos que están más alejados de la línea son aquéllos que no tienen presencia en el legislativo.

Tabla 1: La nacionalización en los extremos


Fuente: Elaboración propia con datos del OEP (https://atlaselectoral.oep.org.bo/#/) y a partir de Bochsler (2010)

La línea diagonal marca el punto exacto de intersección entre la nacionalización calculada con datos a nivel departamental de la calculada con datos municipales o provinciales, según sea el caso. Esto significa que mientras más alejado esté un punto (partido en una elección dada) de la línea, mayor diferencia hay entre su nacionalización a nivel departamental y su nacionalización a nivel municipal/provincial. Si bien ningún partido logra posicionarse exactamente encima de la línea (lo que indica que todos exhiben alguna diferencia por el tipo de agregación de datos), el fin de este gráfico no es evidenciar esta obviedad teórica y metodológica. Así, es necesario prestar atención a los puntos más alejados, toda vez que puede interpretárselos como casos con presencia predominantemente urbana y poca presencia rural[6]. Esta inferencia se da en sentido de que un alto valor de nacionalización a nivel departamental, pero bajo nivel de nacionalización a nivel municipal/provincial reflejaría diferencias al interior de los departamentos o, mejor dicho, una concentración del voto en las unidades desagregadas más pobladas que “inflan” el cálculo de nacionalización a nivel departamental.

La Tabla 1 exhibe los resultados de los extremos en tanto alejamiento o acercamiento a la línea de intersección. Los ocho casos con mayor desviación de la intersección, así como los ocho casos con menor desviación representan el 10% inferior y 10% superior, respectivamente. Para obtener una mejor apreciación, los resultados se exhiben en formato de tabla consignando información sobre el año de elección, la sigla del partido, el grado de nacionalización con datos a nivel departamental, el grado de nacionalización, con datos a nivel municipal, si tiene presencia parlamentaria o no, y, por último, el nivel de desviación de la intersección entre los dos tipos de agregación de datos.

De manera general es posible observar que todos los casos con baja desviación de la intersección tienen alguna presencia legislativa, mientras que todos, menos uno, de los partidos con alta desviación de la intersección carecen de representación legislativa. Este fenómeno se confirma cuando se agranda la muestra del 10% (como está en la Tabla 1) al 25% de ambos extremos. En este caso, la cantidad de partidos asciende a 21 en cada extremo, donde seis del extremo de mayor desviación cuentan con presencia parlamentaria y los otros 15 no, mientras que 19 partidos del extremo de menor desviación sí tienen representación legislativa y los restantes dos no. Debido que mayor desviación de la intersección puede interpretarse como concentración de votos en zonas urbanas muy por encima de las rurales, hay indicios de que las altas concentraciones urbanas, sin presencia en el mundo rural, restan posibilidades de acceso al parlamento. Aunque esta relación merece mayor atención de parte de la investigación, surge la hipótesis de que la política boliviana no ha sido ni es predominantemente urbana.

Finalmente, un dato relevante que sale del Gráfico 2 y la Tabla 1, pero que se obtiene a partir de los cálculos de nacionalización, es el de cobertura territorial que se expresa en el porcentaje de unidades territoriales en las que los partidos obtuvieron alguna votación, por más mínima que sea, siempre y cuando implique más de cero. Con los datos agregados a nivel departamental resulta más sencillo que todos los partidos logren 100% de cobertura territorial, sin embargo, en 1985 el MRTK (Movimiento Revolucionario Tupak Katari) solamente alcanzó el 84,96% de cobertura al no haber obtenido ni un solo voto en el departamento de Cochabamba.

El cumplimiento de 100% de cobertura territorial con datos desagregados (provincial o municipalmente, según aplique), naturalmente no corresponde a todas las fuerzas políticas. En 1985, ocho de las dieciocho fuerzas políticas alcanzaron el 100% de cobertura territorial; en 1989 cinco de los diez partidos lograron cobertura territorial total; y en 1993 cinco de catorce organizaciones políticas llegaron a todas las provincias del país. Para 1997, cuando la unidad territorial cambia a municipios, la dificultad de llegar al 100% de cobertura se incrementa y, así, solamente cuatro de los diez partidos lo logran, siendo estos partidos los tres principales del sistema de partidos de la época, más UCS. En 2002 son cinco las fuerzas políticas que logran obtener al menos un voto en todos los municipios, manteniendo los cuatro de la elección anterior más NFR. En las elecciones de 2005 de las once organizaciones políticas en competencia, solamente tres abarcan la totalidad del país con al menos un voto, el MAS y PODEMOS como los dos polos del nuevo sistema partidario, más el MNR. Para 2009, solamente el MAS pudo alcanzar el 100% de cobertura territorial. Por último, en 2014 cuatro de los cinco contendientes de las elecciones alcanzaron la totalidad de los municipios con al menos un voto.

A lo largo de este trabajo se han podido evidenciar las diferencias territoriales que signan la competencia partidaria a partir de los apoyos electorales en procesos nacionales. Ha sido posible identificar una tendencia sugerente respecto de la nacionalización del sistema como antesala del colapso del sistema de partidos que marcó el país desde el retorno de la democracia hasta principios del siglo XXI. De igual manera, ha sido posible observar otra tendencia sobre la concentración de votantes de manera homogénea entre departamentos, pero heterogénea al interior de los departamentos con predominancia urbana y su aparente relación con el logro de representación parlamentaria.

Más allá de estas dos tendencias que abren la puerta a investigaciones de tipo explicativo que puedan poner a prueba estas hipótesis, es necesario pensar la nacionalización en términos de causas y consecuencias. Las causas se pueden agrupar por tipos de factores según sean estos sociales, como las divisiones étnicas y/o religiosas, institucionales, como las reglas electorales, o políticos, como la calidad de la democracia y el grado de descentralización (Golosov, 2014; Dosek, 2015). Mirando la otra cara de la moneda, la nacionalización puede tener efectos sobre la estructura interna de los partidos, las estrategias electorales, el tipo de políticas públicas, y la consolidación de la democracia (Jones y Mainwaring, 2003; Dosek, 2015).

A partir de las posibles causas y efectos identificados en la literatura, así como las hipótesis derivadas del análisis desarrollado en este trabajo, la agenda de investigación sobre el impacto del territorio sobre la competencia partidaria es muy fértil. La exploración puede, por ejemplo, centrarse en cómo influye la variación territorial de los partidos y sistemas de partidos en las relaciones legislativas y el subsecuente desarrollo de políticas públicas, o qué estrategias emplean los partidos para adaptarse a esta realidad territorialmente heterogénea, tanto en su estructura interna como en el desarrollo de sus campañas electorales. Se trata, pues, de una oportunidad para entender mejor los procesos políticos y la democracia del país, no solamente como una tendencia de la investigación comparada actual, sino como una necesidad especial por la fortaleza de los clivajes territoriales en Bolivia.

Batlle, Margarita (2012). Sistemas de partidos multinivel en contextos unitarios en América Latina: los casos de Ecuador, Perú, Bolivia y Colombia (1978- 2011). Tesis Doctoral. Universidad de Salamanca, Departamento de Derecho Público General. Área de Ciencia Política y de la Administración, Doctorado en Procesos Políticos Contemporáneos. Salamanca

Bochsler, Daniel (2010). “Measuring party nationalisation: A new Gini-based indicator that corrects for the number of units” en Electoral Studies, 29: 155-168.

Caramani, Daniele. 2004. “Party Systems” en Daniele Caramani (editor), Comparative Politics: 319-347. Oxford: Oxford University Press.

Dosek, Tomas (2015). “La nacionalización de los partidos y sistemas de partidos en América Latina. Concepto, medición y reciente desarrollo de su estudio en la región” en Política y Gobierno, 22 (2): 347-390.

Dosek, Tomas y Freidenberg, Flavia (2013). “La congruencia de los partidos y los sistemas de partidos multinivel en América Latina: conceptualización y evaluación de algunas herramientas de medición” en Politai: Revista de Ciencia Política, 7: 161-178.

Eaton, Kent (2013). “The Centralism of ‘Twenty-First-Century Socialism’: Recentralising Politics in Venezuela, Ecuador and Bolivia” en Journal of Latin American Studies, 45: 421-450.

Golosov, Grigorii (2014). “Factors of party system nationalization” en International Political Science Review, 37: 246-260.

Jones, Mark y Mainwaring, Scott (2003). “The nationalization of parties and party systems. An empirical measure and an application to the Americas” en Party Politics, 9 (2): 139-166.

Lago, Ignacio y Montero, José Ramón (2014). “Defining and measuring party system nationalization” en European Political Science Review, 6: 191-211.

Pérez Mendieta, Javier (2010). La competencia partidista en sistemas unitarios: el caso de Bolivia (1995-2010). Trabajo de Fin de Máster. Universidad de Salamanca. Área de Ciencia Política y de la Administración, Máster en Ciencia Política. Salamanca

Roca, José Luis (1999). Fisionomía del regionalismo boliviano. Segunda Edición. La Paz: Plural Editores.

Roca, José Luis (2019). “Regionalismo, revisitado” en Fernando Mayorga (antologador), Antología de ciencia política boliviana: 185-208. La Paz: Biblioteca del Bicentenario de Bolivia.

Rokkan, Stein (1970). Citizens, Elections, Parties: Approaches to the Comparative Study of the Processes of Development. Nueva York: David McKay Company.

Romero Ballivián, Salvador (1998). Geografía Electoral de Bolivia. Segunda Edición. La Paz: FUNDEMOS.

Sartori, Giovanni (2005). Partidos y sistemas de partidos. Segunda Edición. Madrid: Alianza Editorial.


* Licenciado en Ciencia Política y Gestión Pública (UMSA) y Máster (egresado) en Estudios Electorales (UNSAM-Argentina). Es Secretario Académico de la Asociación Boliviana de Ciencia Política (ABCP) y Coordinador Académico del Proyecto “Derribando Mitos de la Democracia Boliviana”.

[1] Si bien la nacionalización no aplica exclusivamente a procesos electorales nacionales, y más bien la agenda de investigación sobre la distribución homogénea o heterogénea en comicios subnacionales es un tema pendiente para el estudio, este trabajo se delimita a las elecciones generales del nivel nacional.

[2] Bochsler (2010) diferencia entre índices de frecuencia, de varianza, de distribución de coeficientes, y de medidas de inflación.

[3] Traducción propia.

[4] Toda la información se recabó del Atlas Electoral del Órgano Electoral Plurinacional en su versión en línea (https://atlaselectoral.oep.org.bo/)

[5] Con excepción de las elecciones de 1979 y 1980, todos los demás procesos electorales se miden a partir de datos departamentales y subdepartamentales, es decir provinciales para los comicios de 1985, 1989, y 1993, y municipales para 1997, 2002, 2005, 2009, y 2014.Todas estas diferencias se deben a disponibilidad de datos.

[6] El uso de los términos urbano y rural responde a una simplificación para indicar unidades territoriales, sean municipios o provincias, con mayor cantidad de población. Se utiliza esta simplificación toda vez que la mayoría de las estrategias de definición de urbanidad y ruralidad dependen de la cantidad de población.

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