Comportamiento electoral boliviano

Comportamiento electoral en Bolivia

Julio Ascarrunz*

RESUMEN

Cómo votan los electores y porqué lo hacen de la forma en la que lo hacen ha sido una de las preocupaciones centrales de los estudiosos en temas electorales. Tras una breve descripción de las principales corrientes teóricas sobre estas explicaciones, el presente trabajo desarrolla una revisión exhaustiva de la literatura que ha buscado responder estas interrogantes en el caso boliviano. Se elabora un repaso sobre distintos estudios, con enfoques, metodologías, alcances, y marcos teóricos diferentes, para reconstruir no solamente el estado del conocimiento en Bolivia, sino la realidad del comportamiento electoral boliviano retratado en distintas investigaciones.

El estudio del comportamiento electoral es uno de los ámbitos de mayor interés y desarrollo dentro de la subdisciplina de los estudios electorales; su desarrollo vertiginoso tiene casi un siglo de trayectoria cuando tomó un impulso a finales de la década de 1940 (Montecinos, 2007; Ratto y Montero, 2013). Los avances se dieron tanto a nivel teórico como a nivel metodológico, y ha llevado a que académicos estudien cómo votan los electores y porqué lo hacen de la manera en que lo hacen a partir de una variedad de enfoques, fuentes de información, métodos, y, por ende, resultados. Esta diversidad de estudios se ha llevado a cabo tanto en investigaciones con fines empíricos, predominantemente enfocadas en casos específicos, como con metas teóricas, que predominan el análisis comparado.

Así, como en muchos países del mundo, en Bolivia hay una vasta cantidad de literatura que ha buscado describir y/o explicar el comportamiento político de la población dentro de los procesos electorales nacionales. El presente trabajo busca ordenar esta bibliografía con el objetivo de no solamente reconstruir el estado del conocimiento, sino, sobre todo, de armar un mapa de cómo votaron las y los bolivianos y por qué lo hicieron de esa forma a lo largo del tiempo y a través de los distintos análisis, con su pluralidad teórica y metodológica. Una vez alcanzado ese objetivo inicial, el documento pretende determinar los avances y desafíos de esta agenda de investigación para dar paso a su desarrollo en el país. Antes de atender este elemento central, se desarrolla un breve espacio de descripción de las distintas corrientes teóricas sobre el comportamiento electoral. Después de atendido el punto principal, el trabajo concluye con las lecciones aprendidas y los desafíos hacia adelante.

El comportamiento político de los electores tiene dos grandes tradiciones de estudio, por un lado, están los trabajos enfocados a describir cómo votan los ciudadanos en una determinada elección, mientras que por otra parte se han desarrollado trabajos orientados a explicar cuáles son las motivaciones de esas formas de votación. Los dos tipos de estudios no son excluyentes entre sí, ya que se retroalimentan constantemente en relaciones de interdependencia. Las descripciones de características generales como la fragmentación o la volatilidad del voto en determinadas poblaciones y procesos electorales, muchas veces se utilizan como variables independientes o de control a la hora de explicar porqué esas poblaciones votaron por una opción determinada.

Las explicaciones de qué elementos motivan a los electores a asumir una decisión electoral se agrupan en grandes modelos teóricos o escuelas de pensamiento. La literatura especializada se enfoca en tres escuelas principales (Goodin y Klingemann, 1996; Carlin, Singer, y Zechmeister, 2015). Aunque algunas variantes de estos tres grandes modelos han sido consideradas como una cuarta corriente (Montecinos, 2007; Ratto y Montero, 2013).

Los dos modelos clásicos de explicación del comportamiento electoral son el modelo psicologicista y el modelo sociológico. El primero de ellos, también conocido como el modelo de la Escuela de Michigan prioriza las características psicológicas y perceptivas de los individuos y hace hincapié en la identificación partidaria condicionada por la socialización política. Este modelo propone que los electores son especialmente susceptibles de modificar su conducta electoral a partir de la exposición en especial de los medios de comunicación masivas, aunque reconoce que tal impacto está mediado por valores afectivos y cognitivos. Por su parte, el modelo sociológico define que los electores enmarcan sus decisiones dentro de la estructura social a la que pertenecen, principalmente la clase social. Este modelo ha sido muy desarrollado a partir de los cambios constantes en la estructura social y en la forma de definirlos. Estos dos modelos se centran en factores de largo plazo (Ratto y Montero, 2007).

Un tercer enfoque teórico se deriva de la teoría económica de la democracia desarrollada principalmente por Anthony Downs. Este modelo, también conocido como el de elección racional, supone que los electores realizan cálculos racionales para definir su voto según lo que mejor les convenga. Este modelo se ha desarrollado posteriormente en distintas variantes como el voto económico retrospectivo, donde las evaluaciones son a desempeños reales pasados, o el voto económico prospectivo, donde la evaluación es sobre un supuesto de cómo creen los individuos que será el desempeño económico futuro. De igual manera, otra variante es la de la evaluación egotrópica versus la sociotrópica, diferenciada, primordialmente, por el tipo de valoración que se hace, es decir si pensando en uno mismo o en el conjunto de la sociedad. Esta corriente también se ha desarrollado más allá de lo económico aplicando la lógica de la elección racional a otros elementos como los políticos de donde surge el voto estratégico (Cox, 2004).

La investigación sobre el comportamiento electoral a nivel nacional en Bolivia ha transitado un camino de ampliación y profundización desde el inicio del nuevo siglo, con lo que la literatura puede dividirse en dos grupos según la coincidencia entre la temporalidad de las publicaciones y las elecciones que se estudian: comportamiento electoral de finales del siglo XX y comportamiento electoral de inicios del siglo XXI. Estos dos grupos no solamente representan cambios teóricos y metodológicos en los estudios sobre el comportamiento electoral, sino que coinciden con los cambios propios de los fenómenos que se estudia.

Las Elecciones Generales de 1979 que tenían el objetivo de reemplazar la experiencia fallida de 1978 estuvieron marcadas por el signo del cambio encarnadas en las propuestas de las dos fuerzas políticas que dominaron el escenario electoral, la Unidad Democrática y Popular (UDP) y el Movimiento Nacionalista Revolucionario – Alianza (MNR-A) que resaltaron dos vertientes de las políticas nacional-populares, la redistributiva por parte de la UDP y la desarrollista por parte del MNR-A (Romero Ballivián, 1998).

El proceso electoral de 1980, llevado a cabo bajo la presidencia de Lydia Gueiler, estuvo marcado por un ambiente tenso que se reflejó en una disminución significativa de electores (reducción de más de 200.000 votantes), así como un aumento del porcentaje de voto blanco y nulo hasta llegar al 12,1% (Romero Ballivián, 1998). Las preferencias electorales válidas reflejaron los acontecimientos políticos desde la elección de 1979 donde el MNR pagó factura por su participación en el golpe de Estado de Natusch en especial en las zonas que habitualmente acogieron los movimientos de izquierda y, aunque con una votación absoluta menor, la UDP subió su porcentaje de votación hasta los 34 puntos con la promesa de cerrar el ciclo de gobierno militares y retomar la vía democrática (Romero Ballivián, 1998)

Tras la transición democrática boliviana que se consolidó en 1982 con la posesión de Hernán Siles Zuazo como presidente considerando los resultados de las Elecciones Generales de 1980, Bolivia abrió un periodo de estabilidad democrática, al menos en sus aspectos mínimos –esto es celebración de elecciones periódicas, aunque con diferentes grados de justicia y transparencia–. El sistema de partidos que dominó este periodo fue uno de tipo multipartidista con distintos grados de polarización, donde tres fuerzas eran las principales (MNR, ADN, y MIR).

Los comicios de 1985 tuvieron dos tendencias respecto del comportamiento electoral. Por un lado, el rechazo a los partidos que conformaron la UDP y a los partidos de izquierda en general debido a la debacle económica del periodo anterior y, de manera inversa, una transferencia de preferencias electorales en favor de la derecha, en especial a la Acción Democrática Nacionalista (ADN) marcando un cambio de tendencia desde los temas políticos como la democracia hacia un itinerario electoral marcado por lo económico (Romero Ballivián, 1998). A partir de estos cambios se puede inferir el peso del modelo de voto económico en el comportamiento electoral boliviano.

Las Elecciones Generales de 1989 estuvieron marcadas por algunas sorpresas como el triple empate, la irrupción de Conciencia de Patria (CONDEPA) desplazando a la Izquierda Unida (IU), y la victoria relativa del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) a pesar del descontento social de las medidas económicas de este mismo partido en la gestión anterior (Laserna, 1990). La poca disminución del porcentaje de votación del MNR que le mantuvo la victoria relativa (Laserna, 1990; Romero Ballivián, 1998) mantiene vigente las explicaciones de voto económico, inclusive a pesar de los costes sociales que significaron las reformas neoliberales del gobierno anterior, en tanto “castigo” a sus promotores, pero generó, al mismo tiempo, una ambigüedad respecto del “favorecimiento” de otras opciones percibidas un poco más de izquierda como el MIR que logró incrementar su caudal electoral respecto de la elección pasada, en especial en zonas otrora consideradas bastiones del MNR (Laserna, 1990). Este descontento permitió, también, un resultado positivo para nuevas agrupaciones de corte popular como CONDEPA (Romero Ballivián, 1998).

Para el proceso electoral de 1993, el MIR llegó tras una serie de transformaciones desde la base obrera, campesina, y universitaria, hasta un electorado que, aunque plural, se posicionaba predominantemente entre estratos sociales medios y bajos (Peñaranda y Chávez, 1995). Aunque la desafección política, compuesta por abstencionismo general –porcentaje de electores potenciales que ni se registraron para las elecciones–, abstencionismo específico –porcentaje de electores registrados que no fueron a votar–, y la emisión de votos blancos, se estima que alcanzó un 43,7% equivalente a 1.357.071 ciudadanos (Ortega Soto, 1995).

Más allá de los partidos y el país en su conjunto, ciertas zonas geográficas han tenido características y tendencias propias. Tal es el caso de la zona andina, principalmente paceña (provincias), que desde las elecciones de 1980 hasta 1993 ha tenido una tendencia preferente hacia opciones más moderadas en cuanto a la representación y las propuestas puramente étnicas, favoreciendo a los partidos tradicionales como MNR, ADN, o MIR, así como CONDEPA, por encima de las fuerzas kataristas (MRTK, MRTKL, o FULKA), con la alianza de 1993 entre el MNR y el MRTKL como el punto más álgido de votación en esta región que se ha interpretado como la combinación de la modernidad y la tradición (Sánchez Serrano, 1995).

En el caso del trópico cochabambino, la tendencia general ha sido la de favorecer a dos de los tres partidos más grandes de la época (ADN y MIR) junto al MBL, dejando de lado a una de las opciones nacionalmente más votadas, el MNR. Sin embargo, estas tendencias tienen variaciones interesantes en una elección a otra. Mientras que en 1989 la IU y el MIR lograron más del 60% de la votación producto no solamente de las medidas económicas aplicadas por el MNR con apoyo de ADN, sino también por el problema de la coca y la forma en que esos mismos partidos lo abordaron durante el periodo constitucional previo (Zegada, 1995). Esta característica del electorado del trópico de Cochabamba no solamente revela características de voto retrospectivo y no necesariamente en torno a cuestiones económicas, sino que pone en evidencia su atención a las propuestas electorales en torno a la temática, ya que partidos como el MIR y MBL habían desarrollado propuestas conciliadoras sobre la problemática de la coca. Para el proceso electoral de 1993 esta tendencia se vio profundizada con dos excepciones no menores, por un lado, el repunte del MNR a partir de su alianza con el MRTKL, y la irrupción en el escenario electoral del Eje Pachacuti, con Evo Morales a la cabeza, en uno de los municipios de la zona (Zegada, 1995). Todo esto revela la característica compleja del electorado de esta zona, similar a su composición social, cultural, y económica (Zegada, 1995).

En el oriente del país (Santa Cruz, Beni, y Pando) los factores que más influyeron en el voto en las elecciones de 1993 fueron la política económica y la estabilidad del país, principalmente motivados por la fuerte migración que recibió esta zona del país producto de la crisis económica y las medidas para superarla (Ortega Soto, 1995). En esta zona los votos entre 1985, 1989, y 1993 estuvieron concentrados entre los tres partidos más fuertes del sistema, MNR, ADN, y MIR (siendo el proceso de 1993 el más beneficioso para el MIR dentro del Acuerdo Patriótico[1] ), confirmando la poca volatilidad del electorado oriental (Ortega Soto, 1995).

En este periodo predominan tres tendencias: la primera de privilegio de los partidos posicionados en el centro como MNR, ADN, y MIR, así como una respuesta favorable a las gestiones de gobierno responsables; la segunda que atrapa el descontento con el sistema, sus principales partidos, y el “falso desarrollismo”; y, por último, la tercera tendencia fue la del “abandono” del apoyo hacia las posturas radicales de izquierda, es decir su moderación hacia el centro (Romero Ballivián, 1995)

Finalmente, las Elecciones Generales de 1997, últimas del siglo, significaron una renovación de confianza en el sistema de partidos vigente, aunque con señales claras de debilitamiento en su fortaleza electoral debido una mayor dispersión social y geográfica del voto (Romero Ballivián, 1998). El menos golpeado de este debilitamiento general fue ADN, vencedor de las elecciones, mientras que el partido que más sufrió en este proceso electoral fue el MNR que vio su caudal electoral recortado a su mínimo histórico hasta ese entonces. Destaca, también, el ascenso de CONDEPA y UCS en cuanto a votación, y el afianzamiento de la izquierda radical en las zonas rurales, en especial de Cochabamba con la IU (Romero Ballivián, 1998).

El cambio de siglo trajo consigo cambios en los resultados de las elecciones en Bolivia y en la forma en la que se estudió el comportamiento electoral en el país. A diferencia del siglo pasado donde predominaban los estudios de corte sociológico, con enfoque nacional, y la utilización de metodologías cualitativas, el nuevo siglo introdujo variedad en estos tres elementos: se empezaron a probar otras corrientes explicativas de porqué la gente vota de una manera determinada, se desarrollaron enfoques que, aunque mantenían la atención en las elecciones nacionales, echaban mano de información y datos desagregados, y empezaron a florecer otro tipo de metodologías como la cuantitativa con análisis estadísticos cada vez más sofisticados.

Para las elecciones de 2002 se esgrimieron distintos argumentos sobre las motivaciones de voto a partir de diferentes metodologías y herramientas. Por un lado, se argumentó que el voto de las dos principales fuerzas políticas representativas de los sectores indígenas y campesinos (MAS y MIP) encontraron mayor espacio en las zonas donde se llevaron a cabo los bloqueos más duros y contundentes, siendo éstos en las zonas rurales y periurbanas de La Paz, Cochabamba, Oruro, Potosí, y Chuquisaca (Rivero Pinto, 2002). Más allá de si las protestas tuvieron algún impacto sobre la definición del voto, lo cierto es que el voto tuvo un patrón geográfico altamente relacionado con características étnicas y culturales donde el MAS y NFR recibieron más apoyo en el altiplano occidental y el MNR y el MIR lograron mejores resultados en el oriente (Singer y Morrison, 2004), por lo que se postula que en esta elección los elementos causantes de la votación del MAS fueron la identificación cultural del electorado indígena con el candidato, así como los estratos socioeconómicos bajos, con el uso de medios de comunicación y estrategias de marketing político como los mayores perdedores de la elección (Tórrez, 2004). Estos análisis coinciden con los resultados de Seligson (2003)[2] quien identifica que el MAS fue el partido (de entre los cuatro más votados) que concentra mayor cantidad de electorado indígena, sin embargo, su análisis contradice la cuestión geográfica indicando que las zonas rurales dispersas (menos de 500 habitantes) equilibraron su preferencia entre el MAS, el MIR, y el MNR predominantemente, y las zonas rurales con mayores poblaciones (de 500 a 1.999 habitantes) optaron por votar casi de igual manera entre el MAS y el MIR; NFR fue el partido más favorecido por el voto urbano.

Otros hallazgos revelan que, primero, factores como la urbanización, el género, la edad, y la educación afectaron la asistencia a las urnas, en el sentido de que las personas que viven en zonas de mayor urbanización, los hombres, las edades mayores, y las personas con mayores niveles de educación asistieron más a las urnas (Seligson, 2003) De igual manera, el voto por una u otra opción política tuvo impactos interesantes a partir del género, donde el electorado del MAS fue predominantemente masculino en un 60%, mientras que de los otros partidos rondaba el 50%; la edad, con los votantes más jóvenes (33 años en promedio) para el MIR y menos jóvenes (40 años en promedio) para el MNR; los años de educación con un promedio de 11,7 años para el electorado del NFR y de 9,3 años para el electorado del MAS; o el ingreso donde los votantes con mayores ingresos se decantaron por el MNR o NFR en igual porción y los votantes con menores ingresos optaron por el MAS (Seligson, 2003).

Para los comicios de 2005 se mantuvo la proliferación de análisis e investigaciones de la temática. Mientras se mantuvieron las explicaciones (válidas) sobre un electorado de características indígenas y/o campesinas, más empobrecido que el resto del país, y/o posicionado en el altiplano como las fuentes de voto del MAS (Romero Ballivián, 2006; Singer, 2007), se desarrollaron nuevos enfoques de análisis. A partir de una muestra de jóvenes universitarios de tres universidades de La Paz (UMSA, UPEA, y UCB) y una del Beni (Universidad Amazónica, sede Riberalta), se constató de que características psicológicas como la estructura axiológica[3] aparentemente no tiene un impacto sobre las preferencias electorales, donde pesan más cuestiones como las características sociológicas de los votantes, aunque también es importante cómo se perciben las actitudes de los candidatos (Roth y Gómez, 2006). Finalmente, un estudio, que no solamente se realiza para las Elecciones Generales de 2005, pero tampoco utiliza un enfoque de serie de tiempo ni panel, explora la relación entre la autoidentificación indígena y el caudal de votos por el MAS y concluye, para el proceso electoral de 2005, que aunque la característica de indígena sí importa para el voto masista, hay diferencias entre poblaciones aymaras y quechuas, así como que otros factores adquieren mayor relevancia tales como desarrollo humano o control del gobierno municipal (Centellas, 2017).

Para 2009, el comportamiento electoral de las y los bolivianos se percibió con poca movilidad respecto de las elecciones pasadas, donde PPB-CN tomó el lugar de PODEMOS como principal oposición, pero el MAS amplió su caudal electoral y la base social que lo sostenía con todavía predominancia en la zona occidental del país, pero ampliada hacia zonas orientales y electorados económicamente más acomodados, probablemente, como resultado de sus resultados en tanto manejo económico, mientras que la oposición presentó, principalmente, fallos de coordinación y, por ende, dispersión del voto (Alpert, Centellas, y Singer, 2010). Paradójicamente, a pesar del aumento de la votación del MAS, algunas investigaciones dan cuenta de la retirada de apoyo respecto de las elecciones anteriores de parte de “sectores sociales cuyas ocupaciones se relacionan con las actividades de la clase media”, al menos en las ciudades capitales del eje troncal, más El Alto (Vargas del Carpio Ribert, 2011: 90). Sin embargo, este no es un asunto cerrado y el trabajo de Centellas (2017), que utiliza una mayor cantidad de datos (más allá de las cuatro capitales del eje troncal), da cuenta de una tendencia inversa en la que el apoyo al MAS se incrementa en sectores no indígenas y, más bien, disminuye en poblaciones aymaras, mientras que los grupos autodenominados quechuas siguen sin presentar impactos significativos.

Uno de los estudios innovadores para este proceso electoral analiza el panorama electoral boliviano en comparación con otro país de la región, Uruguay, enfocado en la ideología como variable explicativa principal. El caso boliviano presenta una relación entre el voto por el MAS y la identificación ideológica como de izquierda, y deja de lado un impacto significativo de otras variables como ingresos, educación, la nacionalización de bienes y servicios, o la valoración de la situación económica personal (Dosek, 2014). Estos resultados indicarían que las mayores divisiones de los electores bolivianos no giran en torno a los modelos económicos, ni socioculturales, sino que se inclinan más por los psicosociales.

Por último, las Elecciones Generales de 2014 tuvieron la menor cantidad de sorpresas respecto de la votación, sus resultados y sus impactos. La victoria del MAS y el mantenimiento de un sistema de partido predominante por el todavía control de la Asamblea Legislativa Plurinacional por parte del partido de Morales, provocó que pocas cosas hayan cambiado para este proceso electoral. En términos de comportamiento electoral, aunque sin impactos sobre las estructuras del sistema político, el voto del oficialismo perdió fuerza en sus zonas tradicionales (occidente del país), pero ganó terreno en sus zonas otrora reticentes (oriente del país) (Centellas, 2015). En tanto las fuentes étnicas del voto en favor del MAS mantuvieron su tendencia de disminución de apoyo de sectores aymaras e incremento de caudal electoral de sectores no indígenas (Centellas, 2017).

Este repaso por la historia del comportamiento electoral boliviano no podría quedar completo sin la descripción de los dos únicos estudios que, a partir de series de tiempo o uso de datos panel, analizan cómo votan los bolivianos y qué factores explican tales decisiones. Por un lado, Jerez Abascal (2016) pone a prueba la relación entre economía y política en el marco de los procesos electorales. Así, se divide el comportamiento electoral entre dos opciones, oficialismo (MAS) y oposición, y se analiza el impacto del Producto Interno Bruto (PIB), el Salario Mínimo Nacional (SMN), y la Inversión Pública Programada (IPP), así como otras variables políticas como la participación electoral diferenciada entre voto urbano y voto rural. Sus resultados revelan que las variables económicas no son significativas sobre la votación del MAS ni sobre la votación de la oposición (Jerez Abascal, 2016). Esto indicaría que, al menos durante el siglo XXI, las motivaciones económicas no han sido relevantes para la definición del voto en Bolivia.

Finalmente, el trabajo de Torrico (en prensa) pasa revista al voto ideológico en Bolivia con un análisis de serie de tiempo desde 1996 hasta 2016 a partir de datos del Latinobarómetro. El trabajo se concentra en el voto por una opción de izquierda o derecha codificada en una escala de 1 a 20 y utiliza un total de 17 variables independientes para indagar según todas fuentes de explicación provenientes de las distintas corrientes teóricas. Los resultados que obtiene muestran cómo el electorado boliviano ha ido girando a la izquierda de manera paulatina por lo menos desde 2001. Los factores que influyen en tales decisiones son, por ejemplo, la economía cuando se percibe como mala, la insatisfacción con la democracia, y la equidad de las condiciones de competencia política, casos en los que los votantes optan por opciones más hacia la derecha. Hacia el otro lado, el antiamericanismo y las características indígenas tienden a favorecer más a la izquierda, hecho que se profundizó desde 2003 con la llegada del MAS. Un elemento relevante es que la pertenencia indígena tiene un efecto tan fuerte que las diferencias de clase social y de sexo pierden impacto al momento de explicar el comportamiento electoral boliviano (Torrico, en prensa).

El repaso por el comportamiento electoral boliviano a través de la literatura enfocada en estudiar tal fenómeno deja algunas lecciones sobre la historia política boliviana y varios desafíos sobre el futuro de la investigación en esta área.

En primer lugar, queda clara la diferencia entre las elecciones del siglo pasado con las de este nuevo siglo, no solamente en términos de investigación, sino también en términos empíricos. El comportamiento electoral boliviano sufrió un cambio relevante desde las Elecciones llevadas a cabo en este nuevo siglo, lo cual tuvo impactos profundos y directos sobre el resto del sistema político. A la par de estos cambios empíricos, la investigación sobre elecciones y comportamiento electoral también ha pasado por modificaciones, en línea con el análisis de Alcántara (2017) sobre el desarrollo de la ciencia política en el nuevo milenio y modernización. Así, las preguntas de investigación, las herramientas metodológicas, y las fuentes de datos han evolucionado a la par de los fenómenos para poder seguirles la pista.

Más allá de estas consideraciones generales, el repaso realizado muestra cómo, de manera descriptiva, el electorado boliviano ha ido cambiando sus preferencias, sin embargo, los análisis sobre las elecciones pasadas, de manera predominante, no dan cuenta de las motivaciones que llevan a esa forma de votación más allá de las estrategias interpretativas, por lo que no se esclarece si el votante boliviano de los años 70, 80, o 90 ha privilegiado elementos sociales, culturales, económicos, o ideológicos para tomar su decisión. Por su parte, los análisis de las elecciones de este siglo si bien sí han avanzado en estas búsquedas explicativas a partir de enfoques positivistas, también han evidenciado algunos puntos de contradicción o discusión como el impacto de la condición indígena, el nivel socioeconómico, el grado de educación, o la valoración de la economía en la decisión del voto.

Finalmente, queda resaltar la agenda de investigación pendiente sobre esta temática. Como se pudo ver, una veta fértil es la enfocada en las explicaciones de la forma de votación de las elecciones del siglo pasado, a partir de cualquiera o todas las corrientes teóricas. En tanto las elecciones llevadas a cabo en este periodo todavía no tienen desarrollos de ciertas fuentes de explicación como otras formas de evaluación económica que no sea solamente la retrospectiva o la prueba de otras variables de corte político institucional. El desarrollo de estas perspectivas es de especial utilidad en un momento en que la pandemia ha impactado no solamente la vida cotidiana de las personas, sino también la evaluación de la población sobre la gestión pública y la propia economía, y será necesario identificar cómo eso puede i habría podido impactar en las decisiones electorales. En esta misma línea, pero sobre la variable a explicar, un pendiente de la literatura es la explicación de qué lleva a los bolivianos a decantarse por el ausentismo y/o el abstencionismo electoral, es decir qué elementos podrían explicar mayor o menor presencia de electores en una elección u otra, así como mayor o menor elección de voto nulo o blanco.


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* Licenciado en Ciencia Política y Gestión Pública (UMSA) y Máster (egresado) en Estudios Electorales (UNSAM-Argentina). Es Secretario Académico de la Asociación Boliviana de Ciencia Política (ABCP) y Coordinador Académico del Proyecto “Derribando Mitos de la Democracia Boliviana”.

[1] El Acuerdo Patriótico (AP) fue una coalición preelectoral conformada por el MIR y ADN que inició para los comicios subnacionales de 1991 con réditos electorales interesantes y que trató de repetir ese caudal en las generales de 1993.

[2] La metodología de Seligson (2003) fue de análisis estadísticos a partir de datos individuales provenientes del Proyecto de Opinión Pública Latinoamericana (LAPOP) de la Universidad de Pittsburgh

[3] Representaciones cognitivas de objetos abstractos, deseables y situacionales que sirven de principios que guían la vida de las personas.

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