Mecanismo de compensación

Los efectos del mecanismo de compensación del sistema electoral boliviano

Julio Ascarrunz*

RESUMEN

Este trabajo echa mano de los contrafácticos como estrategia metodológica para analizar los efectos del sistema electoral mixto proporcional que adoptó Bolivia desde 1997, en contraposición con su alternativa mayoritaria dentro de la misma familia de sistemas electorales mixtos. A partir de un análisis de cinco procesos electorales, se concluye que los efectos de este tipo de sistema no son estructurales, sino más bien individuales concentrados sobre la asignación de escaños correspondiente a cada partido político.

El estudio de los sistemas electorales es uno de los campos más atendidos y desarrollados por la ciencia política (Riker, 1982) con raíces, inclusive, de más larga data que la propia disciplina con desarrollos desde la sociología política o el derecho, así como con avances que van hasta la psicología. Este ampuloso desarrollo ha llevado a la obtención de uno de los más grandes consensos conceptuales de la ciencia política, la diferenciación de los sistemas electorales según su principio de representación entre proporcionales y mayoritarios (Nohlen, 1994; Lijphart, 1999), así como una serie de desarrollos subsecuentes que consideran otros elementos tales como la fórmula, el distrito, el voto, y/o una interacción entre éstos (Norris, 2004).

En el proceso de construcción y acumulación de conocimiento, muchos autores y bases de datos[1] han reconocido la existencia de tres tipos de familias de sistemas electorales: los proporcionales, los mayoritarios, y los mixtos. Sin embargo, con la proliferación de los tipos mixtos, una gran cantidad de literatura ha desarrollado precisiones conceptuales y estudios empíricos para que esta categoría mixta no quede como una bolsa donde entre todo lo que no sea puramente proporcional o puramente mayoritario.

Así, la literatura especializada se concentró en definir distintas formas de catalogar los sistemas electorales mixtos, resultando en una variedad de clasificaciones. El presente trabajo se enfoca en los efectos de uno de los tipos de sistemas mixtos en el caso boliviano. Se trata, entonces, de un análisis sobre la utilidad del mecanismo de compensación del sistema electoral que rige en Bolivia desde 1997, en concreto sobre la asignación de escaños resultante, el sistema de partidos, y la presencia de partidos en el parlamento. Este mecanismo busca mantener el principio de proporcionalidad, a pesar del carácter mixto en el que se elige la mitad de los diputados por fórmula mayoritaria en circunscripciones uninominales (diputaciones uninominales) y la otra mitad por fórmula proporcional en circunscripciones departamentales plurinominales (diputaciones plurinominales)[2].

El documento empieza con una breve revisión de la literatura para definir los sistemas electorales mixtos e identificar los diferentes tipos. La siguiente sección se enfoca en las características metodológicas para dar paso a la tercera parte que propone el análisis concreto. El documento cierra con algunas conclusiones.


El primer esfuerzo delimitado a entender y clasificar al interior de esta categoría de sistemas mixtos fue desarrollado por Massicotte y Blais (1999), quienes se dan a la tarea de proponer una definición y tipología de los sistemas electorales mixtos. A partir de una revisión de la literatura existente, la definición que adoptan se basa en la fórmula electoral, es decir que un sistema mixto es aquel que combina “diferentes fórmulas electorales (…) para la elección de un solo cuerpo” (Massicotte y Blais, 1999: 345). Por su parte, Ferrara, Herron, y Nishikawa (2005) se adhieren a esta característica de la fórmula como la condición diferenciadora y definen los sistemas mixtos como aquellos en los que “se utiliza más de una fórmula para asignar bancas legislativas” (Ferrara, Herron, y Nishikawa, 2005: 17).

Finalmente, Shugart y Wattenberg (2001) parten de la idea de que definir un sistema electoral mixto como la combinación de principios en una misma cámara es muy amplio, por lo que proponen entender los sistemas mixtos como un subconjunto de una categoría más amplia conocida como sistemas electorales de múltiples niveles[3]. Así, los sistemas mixtos son una “variación de los sistemas de múltiples niveles, con la condición específica de que un nivel implica la asignación de escaños de manera nominal mientras que el otro nivel implica asignación de escaños mediante lista” (Shugart y Wattenberg, 2001: 10). Esta definición, a diferencia de la primera, es más concreta, ya que no solamente toma en cuenta la fórmula, sino también otros elementos tales como la estructura de distrito y de candidatura.

Junto a esta variedad de definiciones vienen las distinciones de los tipos de sistemas mixtos. Massicotte y Blais (1999) desarrollan una tipología detallada en la que identifican dos grandes grupos según cómo las fórmulas son aplicadas, de manera independiente entre sí o, si una de las fórmulas condiciona la aplicación de la otra (dependientes). Dentro del grupo de aplicación independiente de las fórmulas, los autores identifican tres posibilidades: 1) coexistencia, si el territorio se divide y una parte, y sus electores, vota bajo fórmula mayoritaria y la otra parte, con sus respectivos electores, lo hace bajo fórmula proporcional; 2) superposición, donde los dos tipos de distritos y fórmulas aplican a todos los electores en todo el territorio; y 3) fusión, que duplica la fórmula, pero mantiene un solo distrito. Por otra parte, el grupo de sistemas de aplicación dependiente de las fórmulas se divide en dos posibilidades: 1) condicional, donde se prioriza una primera forma de asignación de escaños y la segunda solamente entra en escena si la primera no cumple con ciertas condiciones; y 2) incondicional, que siempre aplica ambas fórmulas, pero los resultados de una forma de asignación de escaños dependen del resultado de la otra forma.

Esta forma de clasificación de los sistemas mixtos, aunque tiene mucho soporte empírico, resulta del análisis de los casos reales y termina siendo muy compleja, además que mientras algunas posibilidades consideran la estructura de distrito y otros elementos, otros simplemente toman en cuenta la fórmula electoral. Ante esta situación Shugart y Wattenberg (2001) proponen una tipología que diferencia los sistemas mixtos según su inclinación hacia un principio mayoritario o proporcional, resultando en dos subtipos amplios: 1) mixto mayoritario y 2) mixto proporcional, que se diferencian entre sí a partir de la presencia o ausencia de relacionamiento entre niveles, como variable principal, con un sistema mixto paralelo en el primer caso y un sistema mixto compensatorio en el segundo caso.

Esta tipología general ha sido más aceptada y desarrollada a partir de otros elementos como la relación entre escaños nominales y escaños proporcionales, la fórmula electoral utilizada, y/o la magnitud de distrito y el umbral utilizado en el nivel proporcional (Thames y Edwards, 2006). Estas diferencias hacen que cada sistema electoral, en su detalle, sea único a pesar de que puedan introducirse en tipologías más amplias.

Si bien el caso alemán es considerado el sistema mixto original y modelo (Krennerich, 1997), la proliferación de casos que han adoptado este tipo de sistema[4] se ha caracterizado por la adopción de esta forma de elección en otros países por sus propias características. El caso boliviano, que se introduce como los de tipo mixto proporcional donde la asignación plurinominal depende de la asignación uninominal al interior de cada departamento, ha sido estudiado en cuanto a sus orígenes (Mayorga, 2001a), pero también sobre los efectos que ha producido el cambio de sistema electoral de uno puramente proporcional a uno mixto proporcional en la década de los 90 del siglo pasado. Así, una primera evaluación encontró que la reforma aplicada en 1997 no tuvo impacto sobre la cantidad de partidos con representación parlamentaria, ni sobre la hegemonía partidaria en el armado de listas de candidaturas o la estructura de gobernabilidad basada en pactos, al menos no de manera diferenciada en tanto tendencia histórica (Mayorga, 2001b). Sin embargo, un análisis posterior indica que la reforma hacia un sistema mixto, a pesar de mantener el criterio proporcional, habría profundizado la personalización y, por ende, la regionalización de la política, lo cual alimentó la marcada crisis regional posterior del sistema político (Centellas, 2005).

El presente trabajo se concentra en una laguna empírica en cuanto al estudio del sistema electoral mixto proporcional en Bolivia. El vacío en la literatura corresponde a un análisis de los efectos de la característica proporcional de este sistema mixto. Como se pudo ver, el mundo de los tipos mixtos de sistemas electorales es bastante amplio y este documento se pregunta cuál sería el efecto del sistema electoral sobre la asignación de escaños, el sistema de partidos (en su criterio numérico), y la presencia de partidos en el parlamento si no existiera el mecanismo compensatorio.


Las ciencias sociales y humanas han desarrollado y perfeccionado distintos métodos para el análisis científico de los fenómenos que estudian. Uno de los métodos empleados no solamente por las ciencias sociales son los contrafácticos (Lebow, 2000), un método que se basa en experimentos mentales de tipo imaginativo que se plantea cómo sería una situación dada, en especial una relación de tipo causal entre dos factores, si se cambiara una de las condiciones de dicha situación (Fearon, 1991; Tetlock y Belkin, 1996; Maldonado, 2005; Levy, 2015). Se trata, así, de un tipo estilo experimental debido a que plantea la modificación de una(s) condición(es) manteniendo invariables las otras condiciones que se involucran en el fenómeno estudiado.

Si bien “los contrafácticos son parte de la vida cotidiana” (Levy, 2005: 14) y su uso se ha adaptado a la investigación científica, no cualquier posibilidad imaginativa (contrafáctico) produce resultados válidos en términos académicos; inclusive, se han identificado distintos tipos de contrafácticos (Mahoney y Barrenechea, 2017) así como sus usos variados para análisis de casos, investigaciones de pocos casos, y estudios de muchos casos. En este sentido, se advierte sobre el uso de contrafácticos extremos, que estén muy alejados de la realidad y los datos que provienen de ella (King y Zeng, 2006).

Con esto, y con el objetivo de responder la pregunta sobre cuál es el efecto de la ausencia o presencia del mecanismo compensatorio en el sistema electoral boliviano, este documento toma algunas de las herramientas del análisis contrafáctico, no con un objetivo teórico, sino como parte de un estudio empírico. Se toman como datos las distribuciones de escaños originales en las elecciones de 1997, 2002, 2005, 2009, y 2014, a ser comparadas con el escenario contrafáctico de cada caso en el cual el sistema no hubiera sido mixto proporcional y se hubiera predominado el tipo mixto mayoritario, es decir una situación en la que el sistema electoral boliviano no tuviera un mecanismo compensatorio al momento de la asignación de escaños.

Se busca analizar los efectos sobre tres de las variables que se ven directamente afectadas por este mecanismo de compensación: la asignación final de escaños, el sistema de partidos en un sentido puramente numérico, y la presencia de partidos en el parlamento. Con el fin de no extremar el contrafáctico utilizado, todos los demás elementos, tales como las preferencias electorales, la asignación de escaños, e inclusive las fórmulas electorales utilizadas, se mantienen sin variaciones.


El tipo de sistema electoral tiene el impacto más fuerte y directo sobre la asignación de escaños, ya que es ésta su función central y mecánica. Así, esta sección analiza la cantidad de diputaciones ganadas o perdidas, según sea el caso, por cada partido político que ha competido en los procesos electorales desde 1997 hasta 2014.

Gráfico 1: Diferencia entre asignación de escaños con y sin compensación


Fuente: Elaboración propia con base en datos del OEP

El Gráfico 1 exhibe la cantidad de “pérdidas” y de “ganancias” que cada partido tendría si se eliminara el mecanismo de compensación y la asignación de escaños, manteniendo el sistema de tipo mixto, las fórmulas electorales, y las preferencias electorales. Los valores positivos indican los casos beneficiados por el mecanismo compensatorio, mientras que los datos negativos indican la situación contraria. El Anexo 1 exhibe los datos detallados por organización política.

En las Elecciones de 1997, inaugurando el nuevo sistema electoral mixto, el mecanismo de compensación tuvo un efecto “negativo” en cinco de los siete partidos que lograron representación parlamentaria. Sin embargo, la disminución de escaños que hubieran logrado estos partidos de no haber existido el mecanismo compensatorio no pasa de dos diputaciones por fuerza política. En cambio, de los dos partidos que se beneficiaron del mecanismo de compensación, uno de ellos logró obtener siete diputaciones más de las que hubiera recibido si la asignación de escaños se hubiera realizado separando los niveles uninominales y plurinominales. Las elecciones de 2005 exhiben la tendencia opuesta donde la mayoría de los casos no tienen variaciones muy altas, con excepción de uno en el que el mecanismo de compensación le costó un total de ocho diputaciones.

En el proceso electoral de 2002 se presentan las tres situaciones posibles: hay casos beneficiados, hay casos perjudicados, y casos en los que el mecanismo compensatorio no tiene ninguna influencia sobre su asignación de escaños. Dentro de las dos opciones que sí tienen un efecto, estas elecciones son las únicas que presentan partidos beneficiados y perjudicados por grandes márgenes, iguales o superiores a las seis diputaciones. Contrariamente, el proceso electoral de 2014 solamente exhibe dos situaciones de variación, una en la que dos partidos adquieren más diputaciones de las que hubieran conseguido sin el mecanismo y el tercer partido recibe menos escaños.

En el proceso electoral de 2002 se presentan las tres situaciones posibles: hay casos beneficiados, hay casos perjudicados, y casos en los que el mecanismo compensatorio no tiene ninguna influencia sobre su asignación de escaños. Dentro de las dos opciones que sí tienen un efecto, estas elecciones son las únicas que presentan partidos beneficiados y perjudicados por grandes márgenes, iguales o superiores a las seis diputaciones. Contrariamente, el proceso electoral de 2014 solamente exhibe dos situaciones de variación, una en la que dos partidos adquieren más diputaciones de las que hubieran conseguido sin el mecanismo y el tercer partido recibe menos escaños.

Los sistemas de partidos se analizan a partir de una diversidad de criterios y enfoques, pero el criterio numérico es el más común y, además, el que recibe el mayor impacto directo de parte de los sistemas electorales. Si bien Sartori (2005) identifica las condiciones para contar los partidos a partir de características cualitativas sobre la base de su capacidad de apoyo y/o de veto, y en su relación con otras características, una de las vías más utilizadas para el análisis puramente numérico de los sistemas de partidos es el número efectivo de partidos (Laakso y Taagepera, 1979).

Este número efectivo de partidos (NEP) analiza básicamente la fragmentación del sistema y tiene dos versiones tradicionales, la versión electoral (NEPE) y la versión parlamentaria (NEPP). La diferencia entre ambas formas es el tipo de información que se introduce en el cálculo, cuán fragmentada es la distribución de votos (NEPE), por un lado, y cuán fragmentada es la distribución de escaños (NEPP), por otra parte. Esta sección, entonces, se enfoca en el impacto del mecanismo de compensación sobre la fragmentación y presencia de partidos en el parlamento.

Gráfico 2: Número Efectivo de Partidos Parlamentarios con y sin compensación

Fuente: Elaboración propia con base en datos del OEP

Las pérdidas y ganancias de cada fuerza política por la presencia de la compensación que hace que el sistema electoral mixto en Bolivia mantenga su principio de proporcionalidad lleva a pensar en que, más allá de los cambios de cada partido de manera individual, la presencia o ausencia de este mecanismo tendría efectos sobre el sistema de partidos de manera estructural, al menos sobre su criterio numérico. Sin embargo, el Gráfico 2 muestra que, a pesar de la disminución en la cantidad efectiva de partidos según su porción de diputaciones debido a la compensación, las variaciones son muy pequeñas y en ningún caso modifican sustancialmente la estructura del sistema partidario. Esto niega indirectamente el efecto de este tipo de sistema electoral sobre el sistema partidario.

A este escenario se suma el hecho de que ninguno de los partidos que sufren variaciones por la ausencia o presencia del mecanismo compensatorio le debe a este fenómeno su presencia en el parlamento. Esto quiere decir que la cantidad de partidos con representación parlamentaria se mantiene invariable con o sin este mecanismo. Aunque la presencia de partidos en el parlamento no varía, los porcentajes de representación de cada uno de ellos sí se modifica, sin embargo, cabe aclarar, que tales modificaciones no cambian la estructura de dichos partidos en el parlamento, esto quiere decir que los partidos mayoritarios se quedarían como mayoritarios y los minoritarios como minoritarios.

Esta investigación que aplica un análisis contrafáctico sobre el efecto del sistema electoral, más concretamente del mecanismo de compensación vigente desde 1997 que es parte del sistema electoral, sobre tres características del sistema político –asignación de escaños, sistema de partidos, y presencia parlamentaria de los partidos– desemboca en tres resultados diferentes. Por un lado, el efecto sobre la asignación de escaños individual a cada partido es en algunos casos bastante amplio; por otra parte, el impacto sobre el criterio numérico del sistema de partidos es visible, pero sumamente pequeño; y, finalmente, la consecuencia sobre la presencia de partidos dentro del parlamento es nula.

Estos hallazgos indican que este mecanismo compensatorio no afecta estructuralmente al sistema político y que, más bien, sí afectan individualmente a los partidos para evitar una mayor concentración de representación de parte de partidos grandes con presencia territorial fuerte. La investigación, al mismo tiempo, abre la puerta a desarrollos posteriores necesarios para entender otras causas y consecuencias de este tipo de sistema electoral, es decir que la agenda de investigación futura puede aprovechar los resultados obtenidos para indagar en otras fuentes explicativas en términos teóricos y empíricos.

Goldberg, Arthur (1962). “The Statistics of Malapportionment”, en The Yale Law Journal, 72 (1): 90-106.


Centellas, Miguel (2005). Mixed-Member Proportional Electoral System in New Democracies: The Bolivian Experience. Documento inédito presentado a la 63rd Annual Meeting of the Midwest Political Science Association. Chicago.

Fearon, James (1991). “Counterfactuals and hypothesis testing in political science” en World Politics, 43 (2): 169-195.

Ferrara, Federico, Herron, Erik, y Nishikawa, Misa (2005). Mixed Electoral Systems. Contamination and Its Consequences. Nueva York: Palgrave Macmillan.

King, Gary y Zeng, Langche (2006). “The Dangers of Extreme Counterfactuals” en Political Analysis, 14 (2): 131-159.

Krennerich, Michael (1997). “Germany: The Original Mixed-Member Proportional System” en The International IDEA Handbook of Electoral System Design. Estocolmo: Institute for Democracy and Electoral Assistance.

Laakso, Markku y Taagepera, Rein (1979). “’Effective’ Number of Parties. A Measure with Applications to West Europe» en Comparative Political Studies, 12 (1): 3-27.

Lebow, Richard Ned (2000). “What’s So Different about a Counterfactual?” en World Politics, 52 (4): 550-585.

Levy, Jack (2015). “Counterfactuals, Causal Inference, and Historical Analysis” en Security Studies, 24: 378-402.

Lijphart, Arend (1999). Patterns of Democracy. Government Forms and Performance in Thirty-Six Countries. New Haven: Yale University Press.

Mahoney, James y Barrenechea, Rodrigo (2017). “The logic of counterfactual analysis in case-study explanation” en The British Journal of Sociology, 70 (1): 306-338.

Maldonado, Carlos Eduardo (2005). “Lógica de contrafácticos y relaciones internacionales” en Oasis, 11: 3-18.

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Mayorga, René Antonio (2001b). “The Mixed-Member Proportional System and its Consequences in Bolivia” en Mixed-Member Electoral Systems. The Best of Both Worlds? Editado por Matthew Shugart y Martin Wattenberg. Nueva York: Oxford University Press.

Massicotte, Louis y Blais, André (1999). “Mixed electoral systems: a conceptual and empirical survey” en Electoral Studies, 18 (3): 341-366.

Nohlen, Dieter (1994). Sistemas electorales y partidos políticos. México D.F.: UNAM y FCE.

Norris, Pippa (2004). Electoral Engineering. Voting Rules and Political Behavior. Nueva York: Cambridge University Press.

Riker, William (1982). “The Two- Party System and Duverger’s Law: An Essay on the History of Political Science” en American Journal of Political Science, 76 (4): 753– 766.

Sartori, Giovanni (2005). Partidos y Sistemas de Partidos. Madrid: Alianza Editorial.

Shugart, Matthew y Wattenberg, Martin (2001). “Mixed-Member Electoral Systems: A Definition and Typology” en Mixed-Member Electoral Systems. The Best of Both Worlds? Editado por Matthew Shugart y Martin Wattenberg. Nueva York: Oxford University Press.

Tetlock, Philip y Belkin, Aaron (1996). “Counterfactual Thought Experiments in World Politics: Logical, Methodological, and Psychological Perspectives”, en Counterfactual Thought Experiments in World Politics, editado por Philip Tetlock y Aaron Belkin. Nueva Jersey: Princeton University Press.

Thames, Frank y Edwards, Martin (2006). “Differentiating Mixed-Member Electoral Systems. Mixed-Member Majoritarian and Mixed-Member Proportional Systems and Government Expenditures” en Comparative Political Studies, 39 (7): 905-927.




* Licenciado en Ciencia Política y Gestión Pública (UMSA) y Egresado del Máster en Estudios Electorales (UNSAM-Argentina). Es Secretario de Asuntos Académicos de la Asociación Boliviana de Ciencia Política (ABCP) y Coordinador Académico del Proyecto “Derribando Mitos de la Democracia Boliviana”.

[1] La base de datos de ACE Project (href="http://aceproject.org/epic-es) se enfoca en la definición de tipos específicos de sistemas electorales y, para las legislaturas nacionales, identifica al menos nueve tipos existentes. Por su parte, la base de IDEA Internacional (https://www.idea.int/data-tools/data/electoral-system-design) tiene información por familias generales y por tipos específicos, exhibiendo al menos tres tipos para lo primero y diez para lo segundo.

[2] En la actualidad el mecanismo de compensación se contempla en el Artículo 59 de la Ley de Régimen Electoral (Ley 026) y establece, primero, el cálculo proporcional de la totalidad de diputaciones en cada departamento y la reducción de los escaños obtenidos en circunscripciones uninominales para, finalmente, asignar los escaños restantes, tras esta resta, a cada organización política hasta alcanzar el número proporcional que corresponda.

[3] Un nivel (tier en inglés) es el espacio que define cómo se agregan las votaciones para realizar la asignación de escaños. Los sistemas pueden tener un solo nivel (single-tier systems) o muchos niveles (multiple-tier systems). Para considerar un nivel, éste deba estar superpuesto con otro y no ser espacios separados.

[4] Shugart y Wattenberg (2001) identifican, además de Bolivia, a otros tres casos de sistemas mixtos proporcionales: Alemania, Nueva Zelanda, y Venezuela. Por su parte, la base de datos más actualizada de IDEA Internacional (https://www.idea.int/data-tools/data/electoral-system-design) identifica otros ocho casos además del boliviano con sistema mixto proporcional para la elección de su parlamento (cámara baja o única, según sea el caso): Yibuti, Alemania, Hungría, República de Corea, Lesoto, México, Nueva Zelanda, y Tailandia.

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